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Ni libre comercio ni represión.

 

Oscar A.

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Tras su gira por Europa, Felipe Calderón, presidente espurio de México, reafirma su propósito de seguir por el mismo camino, por el camino del neoliberalismo, esto tras afirmar al diario Español La Vanguardia, que México ofrece garantías de seguridad para los inversionistas.

Aun con su notoria debilidad como presidente, Felipe Calderón, a nombre de todo el pueblo de México, ofrece todas las garantías a las grandes transnacionales que deseen invertir en nuestro país y aquellas que han sido blanco de expropiaciones y que estas medidas –aseguró Calderón– “atenta contra su patrimonio” (de las empresas) en países como Venezuela, Bolivia y Argentina. Esta percepción es exclusivamente personal de Calderón, pues en realidad quienes han sido verdaderamente despojados de su patrimonio en Venezuela, Bolivia, Argentina, entre otros países, son precisamente sus habitantes, la sociedad en conjunto al privatizarse en el pasado algunos bienes nacionales como el petróleo, la banca, las telecomunicaciones; ahora algunos gobierno latinoamericanos intentan recuperar aquello que alguna vez les fue arrebatado.

Sobre la afirmación de Felipe Calderón en días pasados allá mismo en Europa, que “el pasado 2 de julio los mexicanos optaron por el libre mercado” es ABSOLUTAMENTE FALSO, en primer lugar, los mexicanos que el 2 de julio aún le apostábamos a una salida institucional a todas aquellas políticas que tanto daño le han causado a nuestro país, no lo elegimos a el, es claro que Andrés Manuel López Obrador ganó la elección y que la derecha cometió fraude; en segunda, quienes se atrevieron a votar por el panista Calderón fueron las cúpulas de poder (empresarios, clero, clase política afín) minoría en nuestro país, y un sector de la clase desprotegida, aquellos votos provenientes de algunas comunidades y pueblos en donde su principal medio de información es la televisión contracultural, estos sectores vulnerables poco o nulo esfuerzo hicieron para ejercer un voto responsable y razonado, solo votaron por el candidato que en la televisión aparecía en spot’s con el mensaje “tengo las manos limpias” o “seré el presidente del empleo” esto fue mas que suficiente para convencer a unos cuantos que a fin de cuentas sumarían votos a favor del candidato de la elite de poder; no es el único caso, pues es bien sabido que en estados donde gobierna el PAN, éstos, violando la ley, desviaron recursos públicos para favorecer al entonces candidato blanquiazul, dichos apoyos consistían principalmente en cemento, cal, varilla y tinacos, los cuales se repartieron en áreas vulnerables a la manipulación.

Así pues, la mayoría de los mexicanos que nos atrevimos a votar el 2 de julio de 2006, no elegimos el libre mercado, ni decidimos la continuidad del neoliberalismo, del saqueo, de la represión. Si a lo anterior le sumamos que aun con todo y fraude, aproximadamente el 30% “sufragó” por la derecha, dicho porcentaje no es mayoría; si a esto aun le sumamos que los zapatistas no emitieron voto alguno pero que defienden la ideología de izquierda, nos da como resultado un gran rechazo por parte del pueblo mexicano hacia las políticas de derecha y todo lo que ello implica.

Que no sorprenda al mundo el repentino estallo social en México. El movimiento de López Obrador (si éste no pierde el piso), será una barrera que impida al gobierno espurio avanzar libremente; La Otra Campaña del EZLN, la cual hasta este momento parece ser el movimiento de izquierda que mejor tiene definido hacia donde quiere ir, como piensa hacerlo y el por qué están dispuestos a hacerlo, será quien valla al frente de esta inminente revolución; otro movimiento que será factor importante en la transformación, son todos aquellos alzamientos locales organizados, como el caso de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca y los que surjan de aquí al momento en que los mexicanos estemos dispuestos ha decir ya basta.


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