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Las mujeres zapatistas marcan un hito en la defensa mundial de la dignidad

HERMANN BELLINGHAUSEN , ANGELES MARISCAL ENVIADO , CORRESPONSAL/La Jornada

Tenemos que ser rebeldes contra todas las injusticias, sostienen

Oventic, Chis. 3 de enero. "Mi nombre es Ilse, soy agente municipal de mi pueblo y vengo en representación de mis compañeras mujeres". Esta sencilla afirmación era impensable hace unos años en cualquier pueblo indígena de México. Ilse viene del caracol de La Realidad. "Nosotras hemos sabido cómo nos debemos organizar para lograr una buena comunicación y una buena coordinación. Hemos sabido solucionar los problemas que nos llegan y tenido logros porque nos valoramos como mujeres".

De acuerdo con asistentes y observadores del Encuentro de los Pueblos Zapatistas con los Pueblos del Mundo, concluído este martes en Oventic, la participación de las mujeres zapatistas marcó un hito, para ellas y para quienes las escucharon en las diferentes mesas de trabajo, verdaderos foros de expresión de las bases rebeldes. La sesión específica de mujeres, en la que participaron unas 30 indígenas, algunas cuidando a la vez a sus hijos, y todas hablando con notable seguridad, significó un alarde de afirmación femenina.

Magdalena y Elena, tzotziles de los Altos, compartieron un testimonio: "antes era muy difícil, porque no somos tomadas en cuenta, sin derecho de opinar y menos tomar una decisión para nuestra propia vida. Muchas fueron obligadas a casarse con quienes no desean. Ya casadas reciben golpes, maltratos y humillación de los esposos, y más cuando se emborrachaban. No hay dónde podemos defendernos ni protestar; además la idea de los padres, abuelos y esposos es aguantar y quedarse calladas".

Como mujeres, añaden, "no tenemos derecho a la tierra, no podemos ocupar cargos ni resolver problemas, y menos gobernar. Pero cuando encontramos nuestra organización, desde antes de 1994 nos dimos cuenta que tenemos derechos y debemos luchar junto con los hombres para acabar nuestro sufrimiento". Admiten que la organización les permitió conocer "que no es bueno quedar calladas, que no es normal".

Al aumentar su participación como milicianas, insurgentas, operadoras de radio, promotoras de salud y dirigentas de lo político, junto con todas las bases de apoyo se prepararon para la guerra: "Demostramos nuestro valor y coraje contra el mal gobierno, las injusticias y el olvido. Y que las mujeres podemos tomar las armas y pelear contra la fuerza represiva". Recuerdan que el 19 de diciembre de 1994 muchas insurgentas y milicianas participaron en la toma de 38 municipios para declararlos autónomos. En la ofensiva de Ernesto Zedillo el 9 de febrero de 1995, miles de mujeres, junto con sus hijos y esposos, salieron de sus casas para rechazar la ocupación militar de sus comunidades. A pesar de las amenazas y la persecución, ese mismo año se designaron más representantes mujeres en cada comunidad, y se nombraron más de ellas como miembros del Comité Clandestino Revolucionario Indígena del EZLN.

El testimonio abunda: "las compañeras dirigentas organizaron trabajos colectivos para fortalecer la resistencia y la economía autónoma de las mujeres. Hay grupos que participan en las reuniones de su comunidad, asambleas municipales, marchas, manifestaciones, plantones y bloqueos, que son parte de las luchas del pueblo". Reconocen no obstante que en las juntas de buen gobierno y las autoridades autónomas de los Altos aún hay poca participación de mujeres.

"Para nosotras todo es nuevo, antes nunca habíamos hecho así. Encontramos problemas y obstáculos. El trabajo de la casa muchas veces no nos deja salir, tenemos que cuidar los niños, los animales y otras cosas, y los hombres casi no ayudan, o ellos también tienen que cumplir sus compromisos con la lucha. Además no podemos ir solas para cumplir los trabajos, porque hay peligro de que nos violen en el camino, sobre todo de noche".

Señalan otros inconvenientes: "Cuando una mujer participa en algún trabajo o integra alguna autoridad, hay compañeros y compañeras que se burlan. Y el mal gobierno ha tratado de dividirnos con programas vergonzosos como Progresa y Oportunidades. Las compañeras han resistido y siguen participando, muchas veces sin pedir permiso del esposo, los hermanos y los padres, y menos al mal gobierno. Las mujeres tenemos que ser rebeldes contra todos". Reconocen que no es suficiente. "Para triunfar en una lucha revolucionaria se necesita la participación de todos y todas, porque las mujeres de México y el mundo somos la mayoría".

Gabriela y Jacinta, de la junta de buen gobierno de Morelia, y varias más, choles y tzeltales del norte y las cañadas, agregan testimonios y consideraciones de similar fuerza. "Cuando los compañeros comenzaron a organizarse, como mujeres no sabíamos qué estaban haciendo porque pensaban que no sabíamos guardar silencio y nuestra organización era clandestina", rememoran las jóvenes del caracol de Roberto Barrios.

Al concluir sus exposiciones, las zapatistas recibieron un reconocimiento inesperado. Mehmet Dogan, de Kurdistán, "país ocupado por Irán, Siria, Irak, Turquía y ahora Estados Unidos", transmitió un mensaje de la organización de mujeres de su país, en el que la mujer es víctima de una triple opresión y ni siquiera se le permite hablar su lengua. Más las kurdas son omnipresentes en la lucha, y dentro del TKK, ejército de liberación kurda, existe una brigada de mujeres Comandanta Ramona.

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